12 de mayo de 2012

Alergia e intolerancia a lácteos


Un gran porcentaje de personas en el mundo padece de alergia a la leche, la cual no debe confundirse con intolerancia a la lactosa. En la primera, se originan signos clásicos de la alergia como dermatitis, angioedemas, shock anafiláctico y otras manifestaciones, mientras la segunda es en realidad un trastorno digestivo.

La alergia a los lácteos representa un gran problema hoy en día, pues una gran cantidad de productos insospechados contienen leche o sus derivados. Por ello, quienes padecen de esta afección deben mantenerse alertas con las comidas: leer las etiquetas de los productos, consumir alimentos elaborados en casa y evitar cualquier tipo de ingestión accidental.

Reacción común
Aproximadamente un 60% de los pacientes alérgicos a los alimentos reaccionan ante la ingesta de productos lácteos. La mayoría tiene también cuadros alérgicos al consumir otros alimentos ricos en proteínas como los pescados.

Debido al aumento de las alergias a la leche y sus derivados, existen en el mercado varias presentaciones lácteas alternativas, como la leche de soja y los lácteos antialérgicos. Sin embargo, algunos pacientes extremadamente sensibles siguen sin tolerar estos productos especiales.

Precauciones con los alimentos
La alergia a los lácteos, al igual que la alergia a mariscos y nueces, tiene una alta incidencia de casos de reacciones por transferencia. Esto sucede cuando un producto que no contiene lácteos es procesado en una superficie en la que se procesaron lácteos, convirtiéndose éste en un alérgeno potencial.

En el caso de la alergia a las nueces, los productos que pueden correr este riesgo de transferencia suelen indicar esta condición en los empaques, pero en el caso de los lácteos sucede con poca frecuencia.

Por eso es recomendable consumir productos naturales y, en lo posible, preparar los alimentos en casa, para garantizar la no exposición a los alérgenos